Los ocupantes del sueño
(El plantón de la Resistencia Civil Pacífica Julio-Agosto y
Septiembre de 2006, desde la Torre de Petróleos Mexicanos
hasta el Zócalo del DF)
I
Se incendió el amanecer otra vez
otra vez se incendió
y su fuego era de voces, gentes
pedazos de mentes
y corazones irredentos
que llenaron la geometría de la ciudad,
la de siempre;
la madre de todas las voces,
las del presente, las del pasado
y seguramente las del porvenir.
Aquí vamos, aquí estamos
y aquí nos quedaremos
aquí pernoctaremos
aquí orinaremos
aquí nos querremos
aquí nos mantendremos
aquí
aquí
y nada mas que aquí.
Las calles se alargan de alegría
y los edificios roncan como siempre
como siempre los rencores
detrás de sus oficinas
pactando con las bestias
los malos olores y los huracanes.
II
Desperté, fui y vi:
Había montes y lluvias que se negaban a
creer en el color amplio de rabia que se almacenaba
en unos volcanes abrasadores de conciencia.
Vino entonces un relámpago inquieto
a tocar la puerta de la educación y dejó pasar mis anhelos
que se convertían en carteles a medida que el día se cansaba;
Días y noches torrentes de entusiasmo se arrebataban
la verdura del campo y la piel del asfalto.
La bruma del mar se detuvo sobre
las olas más amigables y se fue
a quebrar sobre las astas de banderas vigorosas.
Que lástima, que vigor, que esplendor, cuanta ternura;
La neblina amante de las sierras se negó a cubrir los
recuerdos del ciudadano, extendió sus manos níveas
y se fue a dormir a los libros de texto, y dijo
¡mañana ya seré huitlacoche!;
Nada podía detener los suspiros que
se trenzaron haciendo un zócalo de devoción y algarabía
entre manos crispadas y espadas durmientes,
rostros de placer acurrucado sobre mantas,
no dejaron pasar las imágenes temblorosas
de mi pasado que ahí navegaba por los periódicos capitalinos.
No pude remediar los aromas nutridos
de mocedades y llenos de elefantes, lagartijas
y caballos marinos que dando marcha atrás
al dolor humano se unían con las alcachofas,
los tomates, los chiles y las naranjas a gozar
de los prados de la ciudad capital.
Todo era diferente.
Diferente era el asfalto
Diferente era el sudor
Diferente era la amistad
Diferente era el entusiasmo
Diferente era el ‘buenos días'
‘El buenas tardes', el ‘buenas noches'
El ‘que buena onda'
¡Mi compadre era diferente!
Diferente era el color de las almas
Diferente era el sabor de la esperanza
Diferente era la aritmética
Diferente era la luz en mis ojos
Diferente era la diferencia;
No quiero ver ataúdes para la diferencia.
Hoy dormiré sobre una cama de noticias.