Los
espejos de luto
En tus reflejos se alza el mar incómodo
su mirada impávida y
el sol arrepentido
hace que mi cara se
revuelque en la arena
de los ojos de la
familia real de Marruecos.
No me lloren antes de levantar el vuelo
que me matiza los
párpados rasgados,
el alma enmudecida,
el ardor recalentado,
las murallas
avasalladas y el rencor
hecho licenciado por la
universidad de
los árboles enanos;
no quiten su coraza
del
alma viva que se
rejunta en las esquinas
íntimas del vecindario;
no hablen del santo
antes de comprar las tortillas
para el verano venidero.
Cambien los temblores y las aguas dulces
por un poco de
suspiro y de pan.
Mañana será el día en que las aves rapaces
dejarán su nido
en las alturas del
perfume amarillo:
la redención me
espanta a mis clientes,
¡ay que calor hace en
mi alcoba
vacía!
Mi ternura esta loca de espantos
y de quejidos de
lagos secos;
que no me arrastre la
piel ni mi dinero,
no me levanten la
cara ante el miedo,
déjenme en medio de las
estrellas borrachas
vayan al espacio de mis
ideas anteriores
y hurguen ahí la
fama diluida con indecisión
y mezclada con
ternura.
De regreso al infinito los rayos te harán
justicia,
te volverán redondo
y plano, frió e inerte
como dios manda.