EXTENSIÓN CREPUSCULAR
Abajo y rumbo a la escalera se avizora
un recuerdo, un arma un cuchillo herido
y un coraje perfumado.
Sobre la cascada verde un sol se debate
entre
el ser vapor o mirar al infinito toda su
vida;
abajo y junto al olvido, un torrente de
primaveras
se apresta a entrar a las bibliotecas.
Nadie sabe la razón que encontró la
escalera,
la pared, los enseres domésticos, la mesa,
los
platos, los vasos, los cubiertos, los rubíes,
las alhajas todas, para llevarse la muerte
encima,
dorada, penetrante, taciturna, bajo el
brazo.
La llave maestra me cuenta de su constante
y arrepentida sensación de vértigo por las
cantidades
gigantes, los autos nuevos y los baúles
rojos.
Antes de llegar al mar su infinito se
tropieza con
el quinto deseo de los crepúsculos
trepidantes
y llenos de rocío inquebrantable, llano,
que se abraza
a las mañanas deprimidas pero deudoras del
agua purificada.
El día se va a dormir con papayas,
girasoles, ropa vieja,
manzanas anchas, montes cansados y un
periódico viejo
donde se habla de ciudades sin habitantes,
agua, mucha agua y calles trenzadas sobre
el
rostro de vírgenes de papel.